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jueves, junio 09, 2005
(Pasajero Invitado: Ezequiel )
Suelo subirme al 71 casi todos los días, ya sea para ir a trabajar, a la facultad o a algún lugar de la Av. Maipú. Casi todas las mañanas, en diferentes horarios, por alguna razón u otra, lo espero y subo una vez que éste llega a la parada. El boleto oscila, en mi caso, entre los 80ctvs y el peso 25. Una mañana, rutinaria como todas, me subo y le digo al chofer "80". Mientras pongo el montoncito de monedas de diez centavos en esa especie de tambor rotatorio que tiene como objeto facilitar el ingreso de las monedas, pero que sin embargo te obliga a meter prácticamente una por una ya que dado lo contrario suele "tragarse" alguna moneda y hay que cancelar el proceso para comenzarlo nuevamente; observo a los pasajeros ávidamente, buscando alguna cara femenina y atractiva. A veces la encuentro y a veces no, y en algunas oportunidades hasta cruzamos miradas. Pues bien, esa mañana al mirar en dirección al pasillo, me encuentro con una cara hermosa que me miró por lo que creo fueron menos de tres segundos. Quizás una ojeada para ella, pero un oceano de gratitud para mí. Podría haber sido una chica más de las miles que hay en la ciudad pero no sé por qué me acordé de su cara. Igualmente no hice nada al respecto, y de hecho creo que casi nadie lo hace cuando se encuentra con una bella mujer en el colectivo; pero por alguna razón me acordé de su rostro. Quizás porque es el tipo de mujer que me gusta a mí: pelo castaño oscuro y lacio, nariz pequeña, ojos marrones o verdes, y un cuerpo interesante. Con una forma de vestirse tranquila pero arreglada y muy femenina. El caso es que ese día la miré durante casi todo el viaje pero ella no volvió a dirigir sus ojos hacia mí. En la mitad de lo que era mi viaje, se paró, tocó el timbre y bajó. Durante ese proceso yo pensaba por dentro "me bajo y le pido el teléfono?" "bah, no, va a pensar que soy un boludo". Pasó ese día y no volví a pensar en ella. Volví a mi casa como siempre y no recuerdo bien qué hice. No sé cuánto tiempo más pasó hasta que la volví a ver. Creo que quizás una o dos semanas. Subí al colectivo y miré al pasillo como siempre, y aquella vez me encontré con una cara familiar pero extraña a la vez. Otra vez su belleza impactante para mí volví a encandilarme. Sí, lo sé, términos quizás poéticos pero que son un cliché cuando se trata de describir la belleza de una mujer. Es que uno no sabe qué palabras usar. Ustedes creen en el amor a primera vista?... es que acaso hay otros? Yo todavía lo estoy descifrando. Pero bueno, ese día volvió a ocurrir prácticamente lo mismo. Durante el viaje me preguntaba si debía bajarme o no. Ésta era la segunda vez que la veía y quizás ella me recordaba, y quizás, si tenía suerte, esa vez no iba a pensar que yo era un loco y le caería simpático y hasta lograría conseguir su número de teléfono. Mientras íbamos llegando a su parada (que yo sabía aproximadamente dónde era) me debatía dentro de mi cabeza qué debía hacer. Nunca había hecho tal cosa y me ponía muy nervioso el pensar cuál sería su reacción. Posiblemente quedaría como un boludo... sí. Cuando se paró a tocar el timbre mi corazón aceleró el ritmo y mis latidos sonaban al ritmo de la percusió de una batería de heavy metal. Pero el colectivo frenó, abrió las puertas y ahí dejé pasar mi segunda oportunidad. Algunos dicen que la vida no da segundas oportunidades. Yo creo que en algunas ocasiones las da. Pero no la aproveché en esa ocasión. Pasaron los días y no sé bien cuánto tiempo habrá pasado. Volví a subirme al colectivo una fría mañana, a las 9:45 y al encarar hacia el pasillo del transporte, en este caso un superbajo, al ir descubriendo los rostros sentados en cada asiento, detrás de un sujeto me encuentro con su rostro, serio y observando por la ventanilla. Esta vez torció su mirada y la dirigió directo a mis ojos. Pero qué da, si eso lo hace uno con todas las personas que suben al colectivo! No había nada que me indicara que esta vez mi debate mental me haría bajar en su parada y pedirle el teléfono. Es que yo tampoco esperaba que hubiera alguna señal. Y durante ese viaje me dije "la tercera es la vencida" "hoy tengo que hacerlo". Pero aquel día llegaba tarde a la facultad. No podía llegar tarde justo ese día, y el bajarme en la parada me tomaría quién sabe cuánto tiempo. Era una buena excusa, lo sé... una buena excusa para un cobarde como yo! Resignado la dejé escapar nuevamente. Esta vez la busqué como casi durante un mes. Subiendo al colectivo cada mañana y tratando de descubrir su rostro entre la muchedumbre del colectivo. Durante ese mes alterné horarios, pero trataba casi siempre de subirme al colectivo de las diez menos cuarto. Hace tan solo dos días suena el despertador a la mañana y me digo "qué hago? voy al trabajo ahora o sigo durmiendo?" Ese día había puesto el reloj para que sonara a las 6 de la mañana ya que para las 7 quería estar en el trabajo y así irme más temprano. Pero el sueño me derrotó y seguí durmiendo hasta las 9. A esa hora me levanté y me bañé y a las corridas llegué a la parada a las 9:40. A los cinco minutos se asomaron dos colectivos. Uno superbajo adelante y otro normal atrás. En ese momento se me ocurrió pensar en la chica de pelo castaño oscuro, lacio, ojos no sé si marrones o verdes oscuro, y con una armonía en su rostro que me derretía. Me dije "vienen dos colectivos. En alguno de ellos debe estar ella. Si el destino quiere que nos juntemos, me voy a subir a aquel donde esté ella". Me subí al primero y esta vez no busqué rápidamente su figura en el pasillo. Pedí boleto de 80ctvs y puse las monedas lentamente. Como era un superbajo habían asientos que miraban en dirección opuesta a la que viaja el colectivo. En un instante divisé el pelo lacio, castaño oscuro de una mujer. "Será ella después de tanto tiempo?" Caminé sin poder ver su rostro aún y me senté en el segundo asiento después de las puertas de bajada. Miré en la dirección donde se sentaba aquella chica de pelo castaño oscuro y para mi sorpresa era ella. Fue una sensación de contradicción. Por una parte estaba contento por habérmela encontrado, pero por otra mi cobardía me reclamaba que iba a tener que debatirme nuevamente si bajar o no. Y mi valentía reprimida me decía que no lo hiciera. Durante el viaje evité mirarla, no sé por qué. En algún que otro momento, cuando levanté la mirada, me encontré con sus ojos, penetrantes, en dirección a mí. En otros ella simplemente miraba por la ventanilla. Tenía puestos unos aritos que le quedaban espectaculares. Muy femenina, muy cuidado cada detalle. Me pregunto todavía hacia dónde se dirige cada mañana en ese horario. Supongo que tendrá un trabajo, quién sabe. El caso es que ese día tenía tiempo. Nada me impedía que me bajara y estaba casi decidido a hacerlo. Era mi oportunidad. Como dice Silvio Rodríguez: "los amores cobardes no llegan a amores ni a historias; se quedan allí. Ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar". Y por eso tenía que ser valiente ya que ésa podía ser la última oportunidad en que me la encontrara en ese colectivo. Durante el viaje pensé que al menos me bajaría en su parada. Al menos daría ese primer paso y después pensaría mejor si detenerla para pedirle el teléfono. Pero tampoco estaba muy seguro sobre qué debía hacer. Cuando el colectivo iba llegando hacia su parada, la adrenalina comenzaba a fluir en cantidades mayores dentro de mí. Y sí, mujeres, sépanlo: para algunos hombres no nos es tan fácil encararlas. No todos tenemos esa facilidad y la realidad es que no existe ninguna razón para que seamos así. No debería sernos tan difícil. Pero bueno... el colectivo llegó a su parada. Ella se puso de pie, caminó hacia las puertas del transporte, tocó el timbre y esperó.
Ell colectivo frenó lentamente, abrió las puertas y yo me quedé sentado, inmóvil, mirando casi en dirección al piso. Me avergoncé de mí mismo. Sólo yo sentía esa humillación en medio de un mundo de gente, cada una en su burbuja personal. Mientras bajaba la miré con deseo y sentí cómo se me escapaba una nueva oportunidad. Quizás lo hice porque sabía que el buscarla nuevamente todos los días me daría una nueva esperanza. Porque después de todo, si alguna vez me bajo y le pido el teléfono y su respueta es negativa, qué nueva esperanza nacerá en mí cada mañana cuando subo al colectivo? Ya sabré que no tengo chances entonces por eso es mejor mantener la esperanza de que algún día me voy a bajar, a directamente no tener ninguna. Pero bueno. Ahora estoy nuevamente esperando el momento en que mire al pasillo y me encuentre con su presencia. No sé si volverá a ocurrir pero esta vez me digo a mí mismo que la próxima me bajo, y sé que probablemente no lo haga. Soy un cagón? Sí, lo soy. Pero sé que no soy el único. Sé que a más de uno le pasa algo parecido. Y también sé que en algún momento me la voy a jugar y me voy a bajar. Las probabilidades me dicen que tengo grandes chances de rebotar como una pelotita de ping pong. No porque sea feo, porque no lo soy; no soy un pibe feo. Pero tengo mala suerte en el amor. Siempre que me la jugué me fue mal. Y sólo me fue bien cuando ellas se acercaron a mí. Siempre tuve que esperar y tomando la iniciativa me fue mal. Por eso le tengo miedo al rechazo. Pero en fin... es sólo una historia más de "bondis".
Posteado por pol a las 11:38 AM
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