jueves, febrero 10, 2005
La aventura de un principiante
No nos conocíamos. Nuestras miradas jugaban a las esconondidas. Buscándose, encontrándose y perdiéndose en el otro. Un juego que ocultaba pensamientos y deseos. Sabíamos que la necesidad de comunicarse con el otro era el fin del otro. Pero ese juego de miradas era el todo. Era el devenir del tiempo, cuando ya todo parecía no tener sentido. Ninguno dijo nada.
Tenía una mirada hermosa, dulce. Silenciosa. Parecía para cualquiera que sus ojos dirían todo lo que su cuerpo no demostraba. O a penas esbozaba.
Me acerqué. Intenté rozar su brazo. Una piel deliciosa. Juraría haber sentido el perfume del jazmín. Y sin embargo, ella me esquivaba. Lograba entenderla, seguíamos en ese juego fortuito, y ella respetaba las reglas que misteriosas. Sabiamos que esta lúdica relación finalizaría al bajarse en su parada. No había tiempo que perder. De otra forma todo dejaría de tener sentido. Era una experiencia casi onírica, venida de otros cielos. Estábamos allá, entre el smog y los oscuros ruidos de la ciudad, atiborrados de gentes y lo sabíamos, pero en ese torbellino, nada era real...
Trataba de ver a quién le escribÃía, en qué cosas estaría pensando. Y notaba acelerar su respiración en cada momento en que nuestros cuerpos a penas generaban una mínima pero profunda tensión.
Pronto detuvo su pluma. Guardó sus cuadernos y se levantó. Se aproximaba a la puerta.
La ví alejarse, pero regresó, segundos que fueron horas; dejaron pasar su cuerpo y su mirada por mi. Para mi sorpresa dejó en mi regazo un pequeño papel.
Palabras hermosas, escritas en ese mismo momento. Podía incluso sentir el calor que hubo sostenido ese papel.
Allí sólo queríaa volver a verla una vez más. Me daba la espalda y bajaba las escaleras. El colectivo doblaba, ella habíase detenido en la esquina y como si hubiese sido el fin - o el principio (el tiempo sólo podrá contestarlo- de ese juego, nuestras miradas volvieron a enocontrarse; pero esta vez, en su mirada había algo más. Una sonrisa.
Después de todo, su regalo decía: "Gracias por el impulso".
Posteado por pol a las 4:11 PM
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